La muchedumbre presidida por el Gran Maestro llegó al patio exterior tras una procesión de constantes pasos en completo silencio. Se podía respirar la tensión, incluso saborearla. Nero era precisamente el primero en regocijarse de ello y no por maldad, sino por el placer que le proporcionaba el comprobar que todos aquellos que habían llegado nuevos a la Torre no eran fieros guerreros, sino muchachos y muchachas que no terminaban de saber bien qué estaban haciendo. Por desgracia, no era algo en general, aunque tampoco lo esperaba. Los miembros del reino de Krommar y algunos de Kashiri, como los Asura, estaban bastante cómodos con la situación. Mientras todos los alumnos se regaban en un inmenso círculo en lo ancho y enorme del patio, Nero fue capaz de comprobar las sonrisas de suficiencia y arrogancia que algunos de aquellos mocosos, como podría decirse, se permitían. Le crispaba los nervios.
-Bien- dijo mientras el grupo terminaba de posicionarse -La prueba que he mencionado será bastante sencilla. Aquí, a mi lado, podéis ver un grupo de armas de entrenamiento- efectivamente, había un par de soportes lleno de réplicas de armas reales pero talladas perfectamente en madera. Sin duda alguien había dedicado muchísimo tiempo y esfuerzo en darle un aspecto tan realista a aquellas armas de entrenamiento -Podéis escoger libremente el tipo de arma y cuántos a la vez querréis compartir el turno- Nero tomó una espada de madera y realizó unas maniobras con ella de forma que se lució un poco como experto espadachín. A algunos alumnos les impresionó, a otros les asustó... y a los aguerridos los excitó -Esta sencilla tarea consiste únicamente en desarmarme. Podéis utilizar cualquier método y os lo reitero: cualquier método- recalcó en un tono más alto -Me da igual la fuerza que empleéis, me da igual la destreza, la agilidad... Me da del todo igual si incluso usais la superioridad numérica. Esto es la última prueba que necesitáis para formar parte del futuro, del aprendizaje en la Torre, bajo nuestra tutela. No os amedrentéis ni sintáis que estáis ante un temible enemigo al que sois incapaces de derrotar. A fin de cuentas vosotros sois el futuro de los clanes y de los reinos. El futuro de este mundo- dicho aquello, oteó a todo el alumnado con cuidado y tomó una decisión -Como sois muchos, sería caótico dejaros decidir a vosotros el turno ¿verdad?- algunos asintieron -¡Pues así será!- rió Nero -Aquí os espero, majestades- se apoyó sobre la espada como si fuese un bastón y así permaneció, viendo como todos cuchicheaban entre sí. Mientras, Rody se acercó a Nero, seguido por Lokir, maestro y tutor de los alumnos de Krommar
-Señor- habló Rody
-Nero- suspiró Nero, corrigiéndole
-...Señor Nero- concluyó Rody -Los maestros hemos estado comentando esta sorprendente jugada por tu parte y hemos concluido que esto no debe ser más que una prueba sin importancia, con la mera intención de poner en tensión a los recién llegados ¿Verdad que sí?- sonrió bobalicón
-En absoluto- negó Nero con la cabeza -Quien no logre arrebatarme esta espada de madera de la mano, se verá de patitas en la calle y de regreso al hogar-
-¡Pero eso es injusto! Piensa en todos los que ya han pasado por la Torre en 200 años ¡Nadie ha tenido que pasar por semejante vergüenza!-
-Rody, Rody, Rody... qué poca fe veo que depositas en tu tutelados- agregó Lokir, que empezaba a comerse una manzana tan roja como como el rubí que llevaba en el anillo de la mano derecha. Decía que era una gota de la sangre del primer wyvern de Krommar.
-¿Es que tienes que seguirme allí donde vaya? ¿Y comentar en lo que sea que hable?-
-Lo mismo podría decirte. Esta mañana, antes de que el Gran Maestro se dignase a bajar a recibir a los aspirantes, cogiste exactamente las mismas piezas de comida que yo-
-Eso fue porque te entrometiste en mi conversación matutina con Alistar para compararme con el tamaño de sus músculos y la mala alimentación que me lleva a estar escuálido-
-La palabra fue fondón, no escuálido. Y no lo habría dicho si no fuera porque ayer te pillé observándome mientras entrenaba-
-¡No te habría observado de no ser porque me estuviste persiguiendo por la biblioteca y no me dejaste leer en paz, por lo que tuve que regresar horas después pasando por la sala de armas!-
-¡Te habría dejado leer a gusto y no te hubiese estado persiguiendo si no me hubieses quitado el día anterior mi pañuelo!- se lo sacó de la chaqueta de piel y se lo mostró tanto a Nero como al acusado Rody. Era un pañuelo bastante bonito, rojo al igual que el rubí y la manzana. Era prácticamente el color favorito de Lokir. Los bordes estaban bordados con trisqueles y runas Krom y el emblema del clan Wydhlem destacaba en el centro.
-Te lo vi la semana pasada y comprobé que estaba desgastado. Sólo lo remendé- se ofuscó Rody
-¿Y si te digo lo que te voy a remendar yo, cabezanieve?-
-¿Y si os calláis y volvéis con los demás?- gruñó Nero, carraspeando. Ambos maestros miraron a su alrededor para ver que todo el alumnado recién llegado los observaban y escuchaban. En el rostro de sendos maestros aparecieron los fantasmas de un rubor creciente y se desvandaron tan rápido como se acercaron al Gran Maestro. Nero rió pensando en lo poco que los conocía y lo fácil que era adivinar en tan corto tiempo la extraña relación que había entre ellos -En fin ¿Todos listos?-
Pocos fueron los valientes que se atrevieron a encarar a Nero en solitario y precisamente aquellos que lo hicieron fueron los que fueron prácticamente derrotados. El nuevo Gran Maestro de la Torre no era el mejor espadachín de los reinos ni de lejos pero se manejaba con una soltura encomiable, por lo que hijos, sobrinos y demás parientes cercanos de algún noble miembro de la casa real o de las casas vasallas acababan siendo demasiado negligentes para encararles en solitario y regresaban al grupo con una mano, un brazo o una pierna magullada por el severo golpe de la espada de madera. Casi podía decirse que Nero empezaba a arrepentirse de aquella prueba pues fueron varios los que nada más empezar ya estaban eliminados, hasta que por fin llegaron los más inteligentes.
Los primeros en conseguir la tan preciada victoria fueron los hermanos Odhin y Sigrun, con 1 año de edad entre ellos. Eran los futuros herederos de la casa Jor, clan soberano de Krommar. Ambos lucharon juntos en un 2 contra 1 y para agrado de Nero, vencieron con suma velocidad y facilidad. Ambos eran fuertes y hábiles luchadores capaces de compenetrarse a la perfección, de forma que mientras uno atacaba a Nero, el otro simplemente aprovechó para rodearle y desarmarle con un golpe seco en el brazo. Los aplausos se hicieron eco en el patio y hasta para los maestros fue fácil adivinar que la Torre y sus novatos ya tenían a dos nuevos ídolos a los que admirar hasta que llegase el día de su Aprobación.
De esa manera, los grupos se fueron sucediendo y cada vez eran más y más los que fueron consiguiendo la victoria, aunque en ocasiones fue tan reñido y difícil para los alumnos que consumieron grandes pedazos de tiempo. Cuando llegó el turno de Arenea y Zyra, ya casi caía el ocaso en el horizonte. Las chicas se miraban nerviosas por ello, puesto que a pesar de la gran cantidad de enemigos a los que se había enfrentado el Gran Maestro ni siquiera había empezado a sudar y a ellas ya se les notaba húmeda la frente sin haber comenzado.
-Un placer- dijo Nero -¿Vosotras sois...?-
-Arenea Aavari, de Kashir-
-Zyra- dijo la chica sin más, tensa como la vara que había tomado.
-Aavari- entornó la mirada Nero -¿Hija de Absalam Aavari? Hermana menor de Vijay-
-Eso es- asintió despacio con la espada en ambas manos
-Un honor conocer al miembro de la familia que me faltaba- inclinó ligeramente la cabeza con respeto y una pizquita de burla. La sonrisa brivona que le dedicó a la chica no hizo mejorar la situación de nervios -Arda roja la sangre-
-A-arda roja la sangre...- repitió Arenea. Era el lema de su familia, un grito de guerra que hacía siglos no se usaba en batalla. El Gran Maestro era culto, muy culto... y feroz.
La contienda no se prolongó en exceso, pero Arenea se mantuvo firme. Supo esquivarle, supo golpear y supo cuándo hacer gala de las excepcionales habilidades mágicas de la familia Aavari para despistar a Nero y desestabilizarle. Sin embargo, el Gran Maestro sabía que en el dúo, el punto débil era Zyra, pues mostraba muchísimo menos aptitudes que Arenea y que apenas parecía saber usar un hechizo sencillo. De esta forma, Nero cambió abruptamente de objetivo y se lanzó contra Zyra en un golpe brutal, lanzando una estocada directa a su estómago que, de impactar, hasta la desplazaría un par de metros y seguramente, le dañaría intermanente los intestinos. Arenea por supuesto no se quedó quieta y con un hábil y sutil movimiento de manos prendió fuego a la hoja de madera de Zyra. Al verlo, la amiga de la princesa comprendió que era una ayuda de última hora y aprovechó el fuego para lanzar un tajo justo antes de que Nero la golpease. El Gran Maestro se frenó ipso facto al saber que si se acercaba un paso más un furibundo palo envuelto en llamas le golpearía el rostro con contundencia y fue precisamente en ese cambio de planes cuando la princesa Aavari se aproximó por la retaguardia del Gran Maestro, le sostuvo la mano de la espada con una de sus manos y con el arma le apuntó directamente al cuello: no estaba desarmado, sino muerto, si fuera un combate real. Se hizo un silencio tan grande ante ese momento de expetación resuelto en un simple instante que, al igual que los hermanos Jor, se les recompensó a ambas con aplausos que no dejaban oír ni sus propias exhalaciones agitadas -Muy bien... Eso ha estado muy bien-
Después...
-Zyra no ha logrado pasar la prueba- sentenció Nero, sentado tras su gran mesa, imponente por la gran cantidad de papiros y manuscritos que había repartidos por toda ella.
-¿¡Qué!?- terció Arenea, mirando a su amiga. No era de extrañar y Zyra simplemente se limitó a fruncir los labios, bajar la cabeza y encogerse de hombros. Después miró a su amiga con los ojos un tanto húmedos, dolida un poco por su ineptitud. Prácticamente eran las últimas en conocer los resultados finales de la decisión del Gran Maestre y algunos habían sido aceptados cuando habían hecho lo mismo o hasta menos que Zyra. En otras circunstancias, la joven princesa Aavari, siempre elegante, entusiasta y respetuosa, habría aceptado la decisión de Nero y se habría despedido de su amiga... pero no era el caso -No es justo, Gran Maestro. Debo decirlo-
-Arenea...- Zyra le tomó la mano para que se callara. Nero la contemplaba con las manos entrelazadas sobre la mesa
-Di lo que tengas que decir, princesa Aavari- insistió él.
-No es justo, como digo- se le agolpaban las palabras en la garganta. El esfuerzo por decirlas era demasiado grandes -Zyra ha participado conmigo en el combate y fuiste derrotado ¿Por qué ella no es apta y yo sí? De no ser por nuestra ayuda mutua no lo habríamos logrado-
-De no ser por tu ayuda- apuntó Nero -Tú le encendiste la espada para evitar que me acercara a ella-
-¿Q-qué...?- Arenea no esperó aquel descubrimiento.
-No soy de los que se consideran inteligentes a cuenta de un título- Nero se dejó caer sobre su sillón -Pero no soy Gran Maestro por nada, chiquilla. Conozco a tu clan; conozco realmente a todos los clanes, personalmente. Sé hasta donde llegan vuestras cualidades y siendo tan jóvenes solamente tú, la Aavari, eres quien tiene aptitudes y conocimientos suficientes para encantar un arma en mitad de una contienda. Zyra, que tengo entendido es la hija del tesorero de tu clan- dijo agitando un manuscrito donde figuraba la información de la muchacha -no tiene ni cuenta con habilidades útiles para la magia ni las demostró cuando su vida, prácticamente, corría peligro-
-Pero...-
-Tiene razón- bufó Zyra -Deja de ponerte en evidencia, Arenea. Ya sabes que cuando dejamos Aavari para venir hasta aquí no ibamos a un juego de nuestro pueblo. Esto se trata de valer, de ser capaces de sobrevivir-
-Bien dicho, jovencita- asintió Nero
-¿Pero entonces es así?- Arenea volvió a mirar al Maestro -¿Esto es lo que significa finalmente la Torre? Sé que venimos a aprender, señor, pero no consideré que el aprendizaje y la formación para el futuro de estas tierras nacía de la fuerza bruta o el poder mágico- Nero comenzó a sonreír al oír esas palabras.
-¿Y qué, según su alteza, es necesario para proteger estas tierras?- se inclinó hacia ella, interesado.
-Fuerza y poder, sí- asintió la chica -Pero de nada sirve el poder y la fuerza si no se usa con determinación e inteligencia, sin sabiduría y sin capacidad de pensar una estrategia para doblegar a un enemigo teórico- Nero la contemplaba con ojos entornados -Y aliados- concluyó, apretando la mano de Zyra -Eso es lo que me enseñó mi padre y lo que después me recalcó mi hermano: el poder, la fuerza, la valentía y la sabiduría son las espadas del reino, pero el escudo es la gente: la familia, los amigos- miró a Zyra -Proteger a los aliados es proteger al reino. Pues el que es tu aliado, es un enemigo menos- tras aquellas palabras tan evocadoras, Nero comenzó a aplaudir suavemente.
-Dignas palabras del rey Absalam. Le enviaré una correspondencia agradeciendo que envíe a una hija tan bien educada a la Torre, que falta nos hace- Arenea y Zyra se miraron -Te he visto muy efusiva pronunciando estas palabras Arenea, pero en ningún momento he dicho que Zyra vaya a abandonar la Torre ¿O sí? Sólo he dicho que no ha superado la prueba-
-P-pero entonces...- la princesa se llevó una mano al cuello. Quizá debería haberse cortado la lengua antes de hablar sin saber.
-Veréis...- el Gran Maestro se levantó de la silla y caminó hacia ellas para transmitir cercanía -Como bien has dicho, Arenea, la Torre no está para juzgar la fuerza física ni las capacidades mágicas de alguien. La Torre está para enseñar y para determinar las aptitudes y habilidades de cada individuo de cara al futuro de los reinos. Sí, es verdad que Zyra no es una gran luchadora, pero sirve de inspiración, es un mecanismo para encender el... fuego- bromeó -que arde en una hipotética guardiana de Kashir- ambas se sonrieron entre ellas -Zyra se queda solamente porque puede ser un gan motor para tu desarrollo, Arenea, debes comprenderlo. Y tú, Zyra, debes estar a la altura: esfuérzate, estudia y practica. Deja un poco esa cara tan hosca de lado y mantente junto a tu amiga para que podáis lograr alcanzar objetivos más lejanos- sonrió amablemente al final.
-Muchas gracias, Gran Maestro- inclinó la cabeza Zyra -Me esforzaré tanto como mi cuerpo y mi alma me permitan-
-Juro solemnemente que yo también me esforzaré- añadió Arenea
-Por los dioses, jurar solemnemente- empezó a reir Nero -¿Ahora resulta que eres una avocada al servicio de tus superiores?- Arenea se ruborizó
-Id a la sala de ceremonias, en lo más alto. Allí se celebrara el primer banquete de bienvenida y podréis mezclaros con todos los demás. Muchos tenéis viejos amigos y familiares a los que visitar. Tus hermanas, por ejemplo. Menudo par de...-
-Siempre han dicho que son bellas, sí- completó Arenea sin muchas ganas de oír algún adjetivo soez sobre los atributos físicos de sus hermanas.
-Iba a decir mendrugas, descerebradas, pájaros sin plumas que ya se creen capaces de volar. Van a lo suyo y constantemente andan dando dolores de cabeza a Alistar y Jared. Id a conocerlos también-
-Sí, Gran Maestro- dijeron ambas.
-Marchad- finalizó Nero, aún sonriente.
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