Tras el primer día de emociones fuertes y la abundante cena, todos los alumnos se quedaron dormidos más pronto que tarde, cosa que no era de extrañar. Al día siguiente les esperaba el comienzo de un nuevo ciclo de sus vidas y debían reponerse del exhaustivo examen al que les había sometido el Gran Maestro Nero, que pese a su amabilidad, fue bastante severo a la hora de no dejarse derrotar fácilmente.
Al llegar el nuevo día se encontraron con que la primera clase era, efectivamente, de Nero. Para el alivio de todo el alumnado recién llegado no se trataba de ninguna clase de pruebas físicas ni de conocimientos del arte de la guerra, sino de historia de los reinos. Nero, por su parte, no consideraba realmente necesario contarle a la nobleza y a las altas alcurnias de los diferentes reinos el origen de su tierra, puesto que en teoría, deberían conocérsela como la palma de su mano por las enseñanzas básicas de sus padres y tutores allá en sus hogares. Nero era diferente: desde el comienzo se limitó a reflexionar sobre la tierra que habitaban y sus diversos climas, quiso ahondar, incluso interactuando y preguntando a los alumnos, sobre el conflicto que había estado asolando al Continente desde hacía eones, desde los primeros Fundadores -¿Alguno se plantea nuevamente, después de todo lo hablado en este rato de enriquecimiento cultural, el origen del conflicto entre Kashra Madre del Fuego, Khrom Corazón de Piedra y Arcadia Espada Blanca?- preguntó, sentándose sobre la mesa y cruzando los brazos, expectante.
-El origen del conflicto fue el que siempre ha sido, Gran Maestro- gruñó Odhín, aburrido -Ningún monarca rinde sus tierras y en ese entonces, el Continente no estaba dividido. Lucharon por lo que lucha un rey: su reino- varios alumnos asintieron ante la "sabiduría" del Jor.
-¿Alguien más?- Nero le apartó la mirada. Era un pensamiento simple y básico.
-¿Envidia?- preguntó desganada Zyra, soplándose de nuevo su rizo característico sobre la cara, al ver que nadie contestaba.
-¿Cuál sería la razón de la envidia?- inquirió Nero.
-...¿Poder?- de nuevo, otra respuesta fácil y aburrida.
-¿De verdad nada de lo que os he contado hasta ahora os hace pensar fuera del recipiente?- se exasperó un poco -¿Sí?- señaló a Arenea, que había alzado la mano
-¿Y si nos dices un ejemplo de cómo pensar fuera del recipiente?- preguntó con sumo respeto, mucho más educada que cuando le encaró en su despacho.
-Chica lista- rió Nero -Bien. Desde mi posición y mis conocimientos, si os interesa, os brindo la posibilidad de que contempléis el origen de esta guerra entre reinos como algo ajeno al poder. Es decir, en aquel entonces el Continente nisiquiera estaba conformado por 3 reinos distintos. En aquel entonces se conocía a esta tierra en conjunto como Luthran- algunas miradas se interesaron en esos nuevos conocimientos. Poco o nada había en los registros de los clanes sobre Luthran, el nombre del Continente -Kashra, Khrom y Arcadia solo fueron tres personas más en un mundo que no tenía unas fronteras divididas. Además, se especula que Khrom y Arcadia eran hermanos- aquello hizo que Sigrun se pusiera en pie, directamente.
-Gran Maestro, solicito que retires semejante pensamiento de tus enseñanzas- dijo con los ojos afilados como dagas
-¿Solicitas, Sigrun?- sí, apenas llevaban un día ahí y ya Nero se había aprendido bien quién era Sigrun y quién era Odhín -¿Al Gran Maestro?-
-A quien sea que ensucie el nombre de nuestro Fundador. Hermanarle con la sucia Fundadora de Arca es cuanto menos insultante para nuestra estirpe- tras aquellas palabras, hubo un silencio. Nero la observaba de forma inquisitiva durante largo rato hasta que por fin, le brindó una mano.
-Y he aquí el ejemplo de lo que pudo suceder. La llamada xenofobia, miedo, desdén y odio injustificado al que no es como nosotros. ¿Y si todo este ciclo de guerras y muerte se originó simplemente por el desconocimiento? ¿Por la falta de entendimiento?- Sigrun se sentó ante las reflexiones de Nero, ya que había quedado bastante en evidencia al no contener la lengua -Sigrun, si miras a Arenea, a tu lado- también sabía ya discernir quién era Arenea, cómo no -¿Qué ves en ella?-
-Veo una piel morena y un pelo negro bastante largo. Una cara bonita, joven, e inocente... fácil de machacar- entornó la mirada. Arenea por su parte apartó la vista.
-Sobra ese final, Sigrun-
-Es el final, sin embargo. A veces las batallas no acaban como uno quiere-
-Santos dioses...- Nero se rascó la nuca -Y tú, Arenea- señaló -¿Qué ves en ella?-
-Kassandra- se presentó la chica de ojos ligeramente rasgados. Tenía una fabulosa melena ondulada cayéndole sobre los hombros.
-Veo a una chica joven, de más o menos mi edad. Francamente guapísima- confesó con prudencia y amabilidad.
-¿Te genera algún rechazo?- ahondó Nero -Su aspecto, digo ¿Algo en su cara te hace odiarla? ¿En su expresión?- Kassandra solamente le dedicaba una sonrisa tan deslumbrante a la princesa Kashiri que casi podría describirse como seductora.
-¿Y alguna atracción?- preguntó Odhín de pronto -A lo mejor podéis darnos un buen espectáculo a los hombres de la clase. Ya sabéis, para conmemorar nuestro inicio en la Torre- rió bárbaro y despreocupado. Nero se acercó con velocidad al Jor, lo tomó de los cabellos como quien agarra una mata de hierba y le aplastó la cabeza contra la mesa -¡Eh!- gruñó, con la boca aplastada contra la mesa.
-¡Esta es la razón!- rugió Nero, perdiendo los nervios -¡Esta!- alzó la cabeza de Odhín -Contemplad bien el rostro de la guerra, pues es la de Odhín Jor, heredero de Krommar- el rubio dedicó una mirada asesina a Nero, que se la devolvió igual de tensa.
-Algún día te vas a arrepentir de esto, Gran Maestro- amenazó.
-Todos nos arrepentiremos si no aprendes a comportarte, Odhín. Y tú el primero- Nero le soltó -¡Se acabó la clase! Marchaos todos hasta el siguiente punto de encuentro con los maestros- airado, se arregló los cabellos hacia atrás y se reajustó el jubón. Nadie más dijo una palabra mientras salían del salón en el que habían estado reunidos. Arenea dedicó una última mirada al Gran Maestro, que negaba con la cabeza mirando a través de la ventana, al infinito. Ella sí podía entender lo que pensaba Nero, lo que quería transmitir... ¿Pero era posible?
Mientras pasaban los minutos y los alumnos iban de aquí para allá en la Torre, Arenea caminaba distraida junto a Zyra, que con su inquieta mirada aburrida iba identificando a todos los que pasaban cerca, tratando de ubicarles en sus diversos clanes -Ese de allí tiene pinta de Wyldhem ¿No te parece que tiene boca de wyvern, así como alargada?- se mofó y miró a Arenea, que mantenía la mirada perdida hacia el patio. Se había quedado parada ante el gran arco que daba salida y entrada al mismo -¿Qué te ha picado?-
-Estaba pensando en la clase de antes. En el Gran Maestro-
-Pff, a partir de ahora lo llamaremos el hombre más optimista del mundo. Mira que ponernos a buscar razones por la que puede iniciarse una guerra... Siempre es por poder o por como dice el cabeza hueca de Jor, por tierras-
-¿Tú crees?- preguntó la princesa, dubitativa.
-¿Alguna vez nos hemos peleado tú y yo por mi pelo rizado y tu cabello liso? Las diferencias físicas entre personas no generan discrepancias ni violencia. En todo Kashir jamás han llegado noticias sobre ello, así que...- iban a continuar el paso, pero entonces a oido de ambas llegó una dulce y emotiva melodía. Parecía un flautín tocado de una manera que ninguna de ellas había oido jamás. Era suave, recordaba a la hierba meciéndose en una cálida mañana de primavera, pero a su vez el sonido era agudo y podía cortar como la cuchilla más afilada.
-¿Qué es eso?- preguntó Arenea curiosa.
-¿El aviso para la hora de comer?- al decir aquello Zyra encogiéndose de hombros, vio cómo su amiga pasaba al patio un poco apresurada, guiada por la sed de conocimiento -Y.... allá va~- dijo para sí misma, siguiéndola con pereza.
Siguieron la música hasta un rincón más apartado del patio, donde sólo una figura se encontraba sentada en mitad del cesped, en la conocida postura seiza de Arca, sobre sus rodillas. Apenas hicieron ruido al encontrar al muchacho, que parecía un poco mayor que ellas, pero aún así se detuvo y giró el rostro para mirarlas.
-Disculpa- se apresuró Arenea, no queriamos molestar. Oímos la música y nos dio curiosidad y...-
-¿Nos?- Zyra la miró arqueando una ceja y Arenea la reprendió con la mirada.
-Kashiris ¿Verdad?- preguntó con suma amabilidad el muchacho. Tenía el pelo corto y un poco despeinado. Su cara no lucía la más mínima sombra de vello facial que amenazara con crecer y bajo la túnica de estudiante no parecía haber un cuerpo demasiado fornido, aunque sí era más alto que ambas cuando se puso en pie -No habéis interrumpido nada. A veces toco, precisamente, para comprobar si a alguien le importa- mostró el flautín tallado en madera. Tenía un color crema claro y se adivinaban vetas más oscuras a lo largo de su forma. Era un instrumento precioso.
-Somos Kashiris, sí- adelantó Arenea -¿Acaso... importa ese detalle?- pensó en Nero al preguntar aquello.
-En absoluto- sonrió el muchacho -Me llamo Ash Athos, y por mi apellido podréis adivinar que soy de Arca-
-Athos...- Arenea le estudió el rostro -¿Athos era el clan principal de Arca, no es así?- Ash asintió.
-¿Eres el heredero?- preguntó Zyra cruzándose de brazos. Arenea le dio un codazo -Ay ¿Qué pasa?-
-Se puede decir que sí- rió Ash -No pasa nada. No soy de los que se molestan porque quieran indagar en su vida-
-Eres un verdadero remanso de paz ¿eh?- apuntó la chica de cabellos rizados ante el sosiego con el que hablaba Ash.
-Procuro ser fiel a las enseñanzas de mi padre y mi clan- inclinó Ash ligeramente la cabeza -Curiosa es tu actitud, bastante cándida para con los desconocidos. Presumo que debes de ser la hermana menor de la casa Aavari. Un placer conocer a la princesa restante- dijo amablemente Ash mirando a Zyra, que a su vez miraba a Arenea y ésta última también le devolvía la mirada.
-¿Se... lo dices tú o me puedo reír ya?- frunció los labios para contener la risa.
-¿He dicho algo inadecuado?- Ash miró a ambas y por fin, empezaron a reirse.
-Algún día se me iba a pegar algo de ti, maldita seas. Ahora resulta que soy princesa- se mofó Zyra.
-Venga, no seas así. El chico está siendo más educado que toda la Torre junta-
-Siento si te he confundido con la princesa. Tengo entendido que en Kashir tenéis una sangre muy... caliente-
-Caliente, sí- dijo Zyra templando la risa -Pero no, no soy yo-
-Arenea Aavari. Encantada, príncipe Ash- dijo elegante y con un toque burlón inclinándole la cabeza igual que él había hecho antes.
-Encantado- rió el muchacho -Una confusión tonta y que espero pase por alto en los próximos minutos-
-Oh, ni de broma. Pienso ser la princesa Kashiri hasta el día de la Aprobación- comentó jocosa Zyra.
-Por mí, estupendo- bromeó Arenea, riéndose junto a Ash.
-Al menos se puede decir que las relaciones diplomáticas empiezan con buen pie- añadió el arcasi -Aunque en nuestra tierra no nos consideramos reyes, ni príncipes. No es mi título, por así decirlo-
-Oh, lo siento entonces- se apresuró Arenea.
-No hay nada que disculpar. Simplemente soy el heredero a falta de hermanos, en general. Llámame simplemente Ash. Y ya que nos conocemos, permíteme ser tu enlace a cualquier asunto pertinente a Arca que te surja en este lugar- un chico amable y educado, pero con una actitud muy confiada y seguro de sí mismo. Había algo en él, algo que guardaba en su interior. Pese a su cercanía, era difícil adivinar realmente si estaba siendo sincero o si simplemente estaba fingiendo. La Torre estaba repleta de gente verdaderamente interesante... y parecía que el heredero de Arca y el clan Athos iba a ser uno de los más llamativos en el periodo de Aprobación.
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